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Estamos en una hermosa villa en donde el sol de la mañana nos permite una vista de las imponentes montañas boscosas que dominan la parte alta de Cuernavaca. Esta serranía, conocida como Chichinautzin, constituye un bello escenario natural que parece integrarse de manera interesante con la arquitectura del sitio. El concepto de Villa Calmecac se asemeja a lo que será en el futuro algo comśn para los asiduos ecoturistas: construcciones a base de adobe combinadas con espacios verdes e instalaciones rústicas, son algunos de los elementos que conforman un hospedaje económicamente accesible para todos. Estamos aquí para emprender una aventura en las aguas del río Amacuzac, al cual nos dirigiremos más tarde una vez que hayamos tomado un té caliente y recibido la explicación de nuestros guías acerca de los pormenores de nuestro recorrido. Nos hemos probado el equipo, que consiste en chalecos salvavidas y cascos. Luego de esto, el entusiasmo ha ido en aumento y ya queremos estar en la lancha para surcar los hermosos rápidos del Amacuzac. El traslado a la zona lo hacemos a bordo de una furgoneta junto con nuestros guías. Al cabo de poco más de una hora llegamos al punto final del recorrido. Allí recibimos otra explicación para hacer uso correcto del equipo y también ensayamos las posiciones que tomará cada quien a bordo de la balsa. Tomamos nuestros remos y practicamos la manera correcta de maniobrar para cuando estemos en los rápidos. Además, nos familiarizamos con las voces o la jerga especializada y así poder coordinar los movimientos de los tripulantes: ¡adelante!, ¡izquierda atrás!, ¡derecha adelante!, ¡alto!, son las expresiones más usadas.
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Una vez aclaradas algunas dudas, todo está listo para partir hacia el punto inicial del recorrido. Abordamos la camioneta, la cual ha sido cargada con las dos balsas, el inflador, cuerdas y armas de fuego. Nos vamos por carretera hasta que en un mirador, nuestros guías nos avisan para que observemos el fondo de la cañada por donde corre el río. Pedimos detenernos. Efectivamente, en lo más profundo del cañón yace el impresionante caudal. Precisamente allí el río da vuelta flanqueado por unas altas paredes de roca calcárea. La vegetación que conforma esta selva baja luce hermosos tonos verdosos. Unas fotos desde este punto y el recuerdo de la vista son suficientes antes de emprender el retorno a nuestro veh’culo y proseguir nuestro camino. Unas curvas más y llegamos. Ahora nos preparamos para vestirnos conforme a la ocasión. Es cerca de mediodía, así que para contrarrestar o atenuar los embates del sol, nos untamos bloqueador solar. En el vehículo dejamos todo lo que no utilizaremos durante nuestra travesía por el río a fin de que no se moje. Las bolsas y contenedores secos están listos y en ellos va el refrigerio que tomaremos a la mitad de nuestro viaje por el río. Nuevamente tomamos nuestros chalecos, cascos y remos, algunos prefieren colocárselos de una vez, aunque otros optan por hacer lo propio al llegar a la playa, en donde están los botes que previamente han sido llevados ahí para ser inflados. |
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Caminamos por la vereda que se interna pendiente abajo y, después de algunos minutos, nos detenemos para hacer un poco de ejercicio de calentamiento para los músculos del cuello, espalda, cadera y puntas de los pies. Inmediatamente despuŽs de completar esta tarea, reanudamos la marcha hasta el lugar de partida. Al llegar vemos que ya están listas las dos balsas y un kayac en el cual irá uno de nuestros guías. Una última revisión al equipo y ¡todos a bordo! Momentos después, al sonido de los silbatos de los guías, nos dirigimos a tomar el primer rápido. Sujetándonos con fuerza de los remos nos aproximamos a un estrepitoso torrente. Los rápidos son lugares especialmente atractivos. En ellos el permanente choque entre fuerzas disímbolas, sólido y líquido, roca y agua, son lo que con mayor emoción buscamos los aventureros. El correcto desempeño sobre los rápidos depende de mantener una buena coordinación de la embarcación. Los ríos son una s’ntesis de la vida misma, en ellos hay una serie de contrastes: tramos rectos en donde las aguas se apaciguan o quebradas curvas en donde la emoción se torna intensa. A lo largo de sus márgenes florece la vida. Grandes árboles de "viejos del agua" o ahuehuetes se alimentan en sus riberas, y nos acompañan como gentiles testigos de la aventura, al igual que algunas plantas sumergidas. Estas mismas fuerzas han esculpido inusitadas formas en la roca, como el Monumento al Falo, apropiada designación para una sobresaliente aguja rocosa que aflora casi a mitad del cauce. Este símbolo marca precisamente el tramo que pone fin a nuestro recorrido. Han sido poco más de cuatro horas para recorrer los 18 kilómetros del Amacuzac. Para todos, incluyendo los que vienen por primera vez, y aún para los experimentados, sin lugar a dudas ha sido una grata experiencia. Finalmente emitimos un grito de júbilo, para después dirigimos al lugar del desembarco. Ahora entendemos por qué esta noble actividad ya tiene un lugar especial entre las predilectas dentro del turismo de aventura. |
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