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En la superficie de la tierra hay una gran cantidad de plantas, cuyo verdor es debido a la clorofila, producto a su vez de la fotosíntesis necesaria para la vida por la liberación del oxígeno, fenómeno que también ocurre con las algas marinas. Cumpliendo además, una importante función en la cadena alimenticia. Cabe recordar que, una planta en estado embrionario (semilla), sólo espera las condiciones necesarias para su germinación, éstas son: tierra suficiente, agua y luz solar. En este proceso se revela la bioquímica moluecular de la planta conforme a la constante acción de la energía solar y los nutrientes de la tierra.
Esta dinámica da como consecuencia un complejo desarrollo embrionario, que aún eclosionando la planta guarda en su fisiología elementos como los principios activos en su esencia molecular, que empleados adecuadamente tienen acción terapéutica definitiva, que pueden emplearse para modificar favorablemente los transtornos patológicos originados por las enfermedades. |
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Las moléculas que guardan estos principios activos al entrar en contacto con otras moléculas de un organismo, mediante el desplazamiento de iones energéticos, producen reacciones en su comportamiento químico, lo que consiste en una reacción bioquímica a nivel subatómico y microcelular pero con efectos para todo el metabolismo. En efecto: los alcaloides, los glucósidos y otras biomoléculas actúan sobre las grandes funciones del orgánicas: la circulación, la respiración, etc., o bien, sobre el sistema nervioso y su acción en general en todo el organismo. Además de sus biomoléculas y compuestos energéticos, las plantas contienen sales minerales que también ejercen una acción energética, y más activa que si se emplearan las mismas sales obtenidas por procedimientos químicos. Esa diferente acción, es debida a que los iones de esas sales se encuentran en la planta viva en estados coloidales, con consistencia gelatinosa y carags eléctricas que provocan equilibrios facilmente disociables, que al ser introducidos en otro organismo reaccionan de una manera semejante a la de los fermentos, es decir, no sólo por acción química sino biológica, son "moléculas vivas", como decía Gautier, dotadas de una especie de radioactividad. De allí, la ventaja de emplear preferentemente las plantas frescas, pues con la desecación van perdiendo esa actividad. Esta propiedad de las plantas frescas se hace más notable en la época de floración y fructificación, quizá en relación con las vitaminas que la mayoría de los frutos contienen y que, como es sabido, ejercen una acción especial en los organismos que las ingieren, provocando fenómenos de estimulación biológicos especializados. También las vitaminas pierden su actividad cuando se desecan los frutos o sufren la acción de temperaturas elevadas, que matan, por decirlo así, esa actividad. Lo mismo puede ocurrir con una temperatura muy baja, con las heladas, de ahí se deduce como el frío o el calor juegan un papel importante para la vida de las plantas. En nuestro país, se efctuó sistematicamente por varios años, el estudio terapéutico de las plantas en el Instituto Médico Nacional y en la Dirección de Estudios Biológicos, en donde hábiles químicos como el Dr. Leopoldo Ríos de la Loza, el Dr. Alfonso Herrera, el Dr. Juan Manuel Noriega y otros, obtenían por análisis y preparaciones cuidadosas los componentes y principios activos de numerosas plantas mexicanas, que en seguida eran estudiados en su acción fisiológica y patológica sobre los animales y el hombre. De este modo, inferimos que el ser humano guarda un profundo contacto con su entorno natural, con un principio energético y dinámico, más aún, curativo, es decir, benigno. Dentro de sus propiedades encontramos lo siguiente: pueden ser emolientes, calmantes, estimulantes, astringentes, tónicas, antinerviosas, vomitivas, diuréticas, sudoríficas, purgantes, narcóticas, febrífugas. Actúan perfectamente como un correspondiente curativo para, casi, todas las enfermedades que aquejan al hombre. |
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