|
Por la Dra. Alicia Zappi
|
El masaje es arte, ciencia y conocimiento que nos acompaña posiblemente desde nuestros orígenes como humanidad. Si nos golpeamos, nos sobamos; si alguien sufre, lo acariciamos; cuando amamos, apapachamos... Hay un potencial en nuestras manos y en nuestra piel, más allá de nuestra conciencia, que nos acerca para brindarnos placer, apoyo y curación en cada circunstancia. |
|
|
Los indígenas, hindúes, japoneses y chinos desarrollaron la técnica del masaje para la curación, además de brindarnos su conocimiento, tanto para curar como para conocernos, y así continuar nuestro camino de desarrollo como seres humanos. Novalis, poeta alemán del siglo XVIII decía: "¿No servirán los hombres, para curarse entre sí, como medicina ellos mismos?". Creemos que sí, debido a que el masaje lo hace evidente. Hay presencias que curan, hay situaciones que curan. Nos curamos unos a otros cuando nos respetamos, escuchamos y nos damos nuestro lugar. Una persona que se puede curar a sí misma, puede ayudar a curarse a otra persona. El masaje es un medio. Aunque es un potencial latente en cada ser humano, es necesario un camino para hacerlo consciente y desarrollarlo. Poco a poco nos hemos separado de nuestro cuerpo, alejando nuestra conciencia y perdiendo la confianza. Estamos llenos de fantasías terribles, fantasmas de enfermedades, temores, represiones, tabúes. Necesitamos abrirnos paso a través de esta enmarañada selva de ideas y prejuicios para recuperar sencillamente lo que nos pertenece, tal vez lo único cierto: nuestro cuerpo con todas sus potencialidades. La manera más integra de acercarnos al masaje es acercarnos a nosotros, reconociéndonos y redescubriéndonos. No es posible una técnica, porque no hay una manera única. La forma de ir descubriendo el masaje es a partir de la conexión profunda con nuestra energía y con nuestra creatividad. En este camino del autodescubrimiento necesitamos una ayuda o guía para saber manejar nuestras capacidades. El masaje lo podemos dirigir a varios niveles: piel, músculos y tendones, articulaciones, el cuerpo emocional-mental y nuestra energía sutil. En cada una de estas sustancias están comprendidas las otras, siempre están presentes y reaccionan, la única diferencia es saber dónde enfocamos nuestra atención, es decir, de qué manera nos aproximamos. En el masaje familiar frecuentemente la aproximación es emocional: damos el masaje con amor, con deseo de ayudar, de forma intuitiva y amorosa, aplicando alguna técnica aprendida, pero donde el valor máximo es nuestra capacidad de contención y afecto. El masaje terapéutico actúa a través de la piel, sobre músculos y tendones, movilizando el plano emocionalmente, activando muchas veces memorias antiguas de situaciones no resueltas, dando la posibilidad de cerrar ciclos abiertos por años y ayudando a corregir al mismo tiempo problemas de postura y funcionales, derivados de estas situaciones. La quiropraxia y la osteopatía trabajan principalmente a nivel de articulaciones (huesos y tendones), para incidir al mismo tiempo en el sistema nervioso, y a través de él, en el funcionamiento orgánico y la energía sutil. El shihatsu trabaja sobre la piel, siguiendo líneas y puntos de acupuntura, que a su vez inciden a nivel orgánico, emocional y energético. Hay masajes donde el contacto es puramente energético, sin tocar siquiera la piel, con efectos igualmente profundos y transformadores. Sin embargo, lo más importante es el manejo energético, emocional y mental que tengamos nosotros al aplicarlo. De esto depende no sólo el resultado del masaje que apliquemos, sino también la consecuencia que experimente el que lo realiza. El masaje debe beneficiar tanto a quien lo recibe como a quien lo da. En Río Abierto, centro para el desarrollo humano, llamamos a esta ideología ayudar ayudándose. |
|